
El Nissan GTR, con tracción a las cuatro ruedas, un brillante motor turboalimentado de 488 caballos y un comportamiento muy similar al de un coche de carreras es un coche pensado para rodar en circuitos y para ir siempre con un piloto a sus mandos. Ir pendiente solo del volante, siempre concentrado en lo que se está haciendo y pendiente de todo. Así, se le puede sacar un partido increíble, aunque como un coche normal, como un deportivo más, es bastante exigente.
Foto: C. CANCELAFoto: C. CANCELA
En carreteras muy viradas es donde demuestra todo su potencial con una velocidad de paso por curva muy elevada.
Sin embargo, si tratamos de usarlo como un coche normal, tendremos algo más de problemas. No está pensado para esa utilización y por ello no iremos tan a gusto como en otros super-deportivos menos eficaces pero bastante más confortables.
El cambio de marchas es secuencial sin embrague. La palanca sirve para seleccionar el modo manual o automático, pero el manejo en modo manual se realiza siempre mediante unas grandes levas situadas a ambos lados del volante, pero con movimiento independiente.
Es decir, que no son solidarias con el volante y que siempre a la derecha del eje del volante tendremos la palanca de subir marchas y a la izquierda la de bajar. Además son palancas de gran tamaño para asegurar una maniobra muy importante como la de cambiar de marcha, sobre todo si tratamos de rodar cerca de los límites.
En el modo automático el cambio funciona de manera bastante agradable y permite una conducción algo más relajada, aunque siempre sin olvidar que se trata de un vehículo muy nervioso que a la más mínima solicitación sobre el acelerador se pone de manos.
Sorprende de él su magnífica precisión con el volante y ante la más mínima solicitación de su conductor el vehículo se inscribe perfectamente en la curva. Resulta muy dócil en este sentido, siempre que la velocidad de paso sea razonable.
También merecen un comentario especial sus frenos. Pese a lo que corre el coche, los grandes frenos de disco ventilados que incorpora detienen con muy buenas maneras el vehículo japonés. Incluso abusando de ellos, algo obligado si tratamos de rodar deprisa con él, no se sufre demasiado en este aspecto.
Al sentarse al volante del GTR uno se da cuenta inmediatamente que se trata de un coche de carreras. Los grandes asientos ofrecen una perfecta sujección del cuerpo y los huecos para los cinturones de seguridad lo demuestran aún más.
En la consola central tenemos muchas más pruebas de ello. La primera, la pantalla en la que podemos configurar diversas informaciones del funcionamiento del vehículo pero todas con un enfoque de carreras y solo para los más experimentados. Según el modo elegido podremos tener información de aceleraciones laterales y de la fuerza “g” a la que nos vemos sometidos en todo momento, un dato inexistente en los coches normales.
También datos más profesionales sobre todo lo que pasa en el vehículo, tales como presión de aceite, temperatura del motor, presión de soplado del turbo, etcétera. Pero incluso tendremos los que sólo son para los expertos, como puede ser el ángulo de la dirección, el porcentaje de presión sobre los pedales del freno y el acelerador, o el reparto de potencia entre ambos ejes. Vamos una computadora de viaje “sólo para pilotos”.
Y por debajo de la pantalla encontramos algo más del estilo de competición que marca al GTR de Nissan y le hace diferente al resto de los superdeportivos. Se trata de tres botones, los del sistema de tracción, el ajuste de dureza de la suspensión y el del funcionamiento del control de estabilidad. En los tres casos existe la posición “R" con la que se ilumina en color rojo el testigo para indicar que vamos en el modo “Race” o carrera. Entonces, con estos indicadores encendidos, llevaremos el vehículo en su posición deportiva más extrema, sin ayudas a la conducción, con unas suspensiones muy duras y con todo ajustado para la competición.
Conducir el GTR ha sido una experiencia inolvidable. Es un coche muy, pero que muy rápido, con una velocidad de paso por curva realmente increíble y que está pensado para eso, para ir en las manos de un profesional y si es posible con el casco puesto y en un circuito cerrado.
En el lado negativo diría que se trata de un coche demasiado especial con el que no se hace a gusto un viaje normal y menos aún si se trata de rodar por una ciudad o de aparcar. No está pensado para el uso diario.







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