De Regina
De Vitor hugo
De Mariana
Só me resta responder com Vinicius e Baden:
da mesa de um bar, a palavra, a prosa e a poesia
Caius Apicius (La Herradura, Granada) - 28/06/2010
Espetos de sardinas (flickr.com/teclasorg)
La propuesta era de las que no se pueden rechazar: bajar a La Herradura, quizá uno de los últimos lugares de la costa meridional española que aún merece el calificativo de paraíso, con el propósito de saborear unas sardinas al espeto.
Y, encima, por San Juan, que ya se sabe que "por San Juan, la sardina pringa el pan". Nunca hemos disimulado nuestro amor por las sardinas asadas por cualquier procedimiento, incluyendo, naturalmente, los espetos granadinos o malagueños. La cosa prometía y valió la pena. Comimos sardinas casi hasta hartarnos, en el hipotético caso de que uno pueda hartarse de sardinas, espetadas con ciencia en la playa, en el restaurante La Sardina, cuya buena cocina escoltó al plato protagonista.
Hacía pocos días que la autoridad a la que se supone competente había derogado un ucase por el que quedaban prohibidos los espetos en las playas granadinas: se impuso el sentido común, creo. Entiendo que haya gente a la que le moleste que le asen sardinas bajo la ventana de su apartamento de la playa, cómo no lo voy a entender; pero no creo que esa molestia justifique la prohibición de una actividad tradicional que, sin duda, tiene muchos más partidarios que adversarios.
Guirigay en los chiringuitos
Otra cosa es el problema planteado por la propia existencia de los chiringuitos playeros, asunto en el que no entraremos, aun reconociendo que no siempre es justificable la utilización por un particular de una parcela de suelo público; pero aquí también chocamos con la tradición y con el hecho de que a la gente le gustan las playas de dos maneras: o vírgenes, cosa cada vez más escasa, o con chiringuitos donde comer y beber.
Los espetos, como sin duda saben ustedes, son unas medias cañas en las que se ensartan las sardinas, pasando la caña junto a la espina y clavando los espetos en la arena, a barlovento de las brasas; a barlovento, porque si se colocasen a sotavento las sardinas no sólo se asarían, sino que se ahumarían, que es una cosa que conviene evitar. Hay que tener mano para colocar bien los espetos y para darles la vuelta; si todo se hace bien, y la materia prima es buena, el resultado es delicioso y uno no se conforma con las siete u ocho sardinas de cada espeto: repite. Luego todo le sabrá a sardinas, pero a eso ha venido.
La materia prima, la sardina del sur, es la misma especie que la del norte, pero son distintas. Las sureñas se me antojaron más pequeñas que las gallegas o cantábricas y, desde luego, bastante menos grasas, lo que hace que haya que extremar las precauciones para que no se queden demasiado secas al asarlas. Como ocurre en todos estos casos de conflicto entre géneros de una u otra procedencia, hay incondicionales del producto mediterráneo y hay quienes proclaman la superioridad de la sardina cantábrica. Ciertamente, el uso de los espetos en lugar de las parrillas o la brasa directa facilita que las sardinas así tratadas no pierdan totalmente su jugosidad, que sería un desastre; las del norte tienen grasa para aguantar más el calor directo.
Un mar de posibilidades
Yo, desde luego, prefiero no tener que elegir entre unas sardinas malagueñas o granadinas y otras de Santurce o de Malpica: todas me merecen un respeto imponente y son dignas de mi más alta estima. De modo que me atengo rigurosamente a las circunstancias y me ciño al producto local, que es una cosa, además, que suele dar los mejores resultados. De modo que, cambiando el ejemplo, en Galicia comeré cigalas de Marín, en Huelva cigalas de Huelva y en la Costa Brava cigalas de Palamós, sin entrar en discusiones estériles e inútiles respecto a cuáles son mejores: para mí, las que tengo delante, y punto.
En fin, que hemos cumplido el rito de las sardinas sanjuaneras, en noches de luna llena, junto a un Mediterráneo en absoluta calma y bajo un cielo sin nubes. Les recomiendo que hagan ustedes lo propio en cualquier punto de la costa española: el de las sardinas asadas es uno de los sabores clásicos del verano, y, desde luego, su olor, el más persistente, que algún defecto tenían que tener las sardinas.
Ah: ustedes ya están en ello, pero déjenme terminar recordando que a las sardinas asadas no les sientan bien los cubiertos, y deben comerse a mano, aunque se ponga uno perdido, y que, en mi modesta opinión, su compañía perfecta es un vino blanco fresquito. Estos días fue un magnífico albariño, el Pazo de Señorans, que iba de miedo con las sardinas, pero no es el único. Las sardinas asadas, con vino blanco, no con cerveza, aunque en estos asuntos es más saludable proclamar cuantos menos dogmas, mejor.
28 JUN 2010 11:43

Que la masturbación femenina sigue siendo un tabú no lo descubriremos ahora. Sobre la autosatisfacción erótica pesan una serie de ideas preconcebidas que todavía hoy gozan de gran aceptación. Se supone que la masturbación es una manifestación típicamente masculina, sobre todo durante la adolescencia, destinada a desahogar el ímpetu erótico causado por la revolución hormonal que se produce a ciertas y convulsas edades. La presunta predisposición masculina al sexo donde sea, cuando sea y con quien sea, provoca que la mayoría de los hombres se sigan masturbando a lo largo de su vida. Sin embargo, por lo que respecta a la masturbación femenina, el silencio y el misterio suelen ser los compañeros de viaje de una práctica más común de lo pensamos. Según concluyen todas las encuestas realizadas sobre hábitos sexuales, se calcula que entre un 70 y un 82 por ciento de las mujeres se masturban habitualmente. Las mujeres han vivido su sexualidad de una manera clandestina hasta hace cuatro días por lo que el silencio administrativo y el pudor sigue imperando sobre esta práctica sexual. Al tradicional misterio que rodea sociológica y culturalmente a la masturbación femenina, hay que añadir la idea errónea que identifica la masturbación masculina con el superavit de energía sexual, y la femenina, con la insatisfacción sexual. Una vez más, aclarar que la masturbación no tiene que estar asociada necesariamente a la soledad ni a estados carenciales afectivos. De hecho, también puede formar parte de las relaciones sexuales habituales en una pareja, como elemento de juego y de conocimiento mutuo.
Sé que el preámbulo sexológico a muchos os puede parecer innecesario, pero hijos míos, desde que han puesto lo de la TDT sale cada cosa por la tele, que no está de más recordar de vez en cuando algunos conceptos aún a riesgo que te llamen de todo en aras de la salvación espiritual de España.
La masturbación femenina todavía genera controversia y misterio. Tanto es así que una fotógrafa francesa (Frédérique Barraja) ha inaugurado recientemente un exposición titulada ‘Les branleuses’ que, como todo en ese idioma, suena muy fino y bien pero significa algo así como ‘Las pajilleras’. Tal como suena. La muestra puede verse hasta el 18 de julio en la galería de arte parisina Slott y, aunque el título puede parecer un poco bruto, las fotografías no son escandalosas ni pornográficas. Al menos a mí me lo parece, aunque bueno, reconozco que tengo un callo… La exposición comprende fotografías entre 21 y 50 años en diferentes estados de éxtasis. El propósito de Barraja es revelar la belleza que subyace en todo acto de de mujeres autosatisfacción erótica y alejarla de sentimientos de culpabilidad y demás prejuicios. Si estáis interesados en la cuestión, aquí está la web de la galería y aquí podéis leer una entrevista que la fotógrafa ha concedido a una revista digital.

Aunque la exposición es meramente anecdótica no deja de poner de manifiesto cómo la sexualidad femenina sigue envuelta en un halo de misterio todavía hoy en día. No sé vosotros, pero cuesta mucho encontrar mujeres que hablen libremente de la masturbación. En mi opinión una cosa es la privacidad y otra la represión. ¿Qué os parece a vosotros? Este tipo de exposiciones, ¿ayudan a ‘normalizar’ las cosas o es una simple manera de aprovechar el tirón que suele tener todo lo relacionado con el sexo?
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Les Branleuses

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« Je sortais d’une période difficile qui allait durablement bouleverser
ma vie et ma psy était formelle : j’allais très bien dans ma tête.
Très bien?
Et ce mal-être qui ne me lâchait pas?
Ces insomnies ? On me répondit que mes maux venaient
nécessairement d’une rupture de communication avec mon corps.
Alors j’ai tout essayé! Le yoga, l’acupuncture, les massages,
l’auriculologie, la sophrologie… Sans grand résultat.
Ce n’est qu’en bout de course qu’une amie m’a demandé
s’il m’arrivait de me « branler ».
Une éventualité que je n’avais jamais considérée auparavant.
J’avais 33 ans. »
Frédérique Barraja![]()
Télécharger dossier de presse Ici![]()

RICARDO GRANDE - Madrid - 28/06/2010

Las melodías que canta esta joven de 30 años, inconfundiblemente nórdica -rubia, ojos claros, inglés más que aceptable- se apoyan en crepitantes arpegios de guitarra, que acompañan a unas canciones honestas y sin artificios. En este nuevo disco juega con distintas atmósferas. De "celebración", como en el primer tema, o de "lamento", en el caso de Madrid, según explica ella misma. "Esa canción trata de una vez que estuve aquí. Tuve que aclarar qué iba a pasar con mi relación con alguien especial... Decidimos no seguir. Por eso tiene ese aire triste, de otoño", comenta, poco antes de ofrecer un concierto que se emitió en streaming desde la sede de EL PAÍS en el Día de la Música.
¿Es Arnald la enésima cantautora indie folk? Ella asegura que no tiene pósteres de Bob Dylan en su cuarto. Tampoco es una devoradora de revistas de tendencias. "Ahora soy más abierta. Mi hermana pequeña me llena el iPhone de grupos nuevos", dice. "Puede que ahora haya un revival de lo folk. La tecnología permite ya hacer cualquier cosa y necesitamos volver a la música en carne viva". Su nuevo trabajo incluye arreglos más elaborados, pero eso no traiciona esa predilección por la canción sin artificios. "Se trata de subir al escenario y que todo funcione si toco sola. Para mí, significa libertad", señala, abriendo los brazos. Hay cierta influencia estadounidense, como ella misma reconoce, pero la música de su tierra vive en melodías que sorprenden al oyente saturado por lo anglosajón y sucedáneos.
"Soy mitad autodidacta. De los ocho a los 16 años toqué el violín en el conservatorio. Luego, me formé como cantante". También toca la viola, la charanga o el koto japonés, pero la guitarra es su principal aliada. "Es algo especial porque aprendí por mí misma. Gracias a ella me atrevo a actuar. Hasta hace muy poco, no me planteaba salir solo a cantar. Siempre que grabo, lo hago cantando y tocando a la vez".
Esa complicidad se deja ver en este álbum, en el que se escucha hasta algún chasquido involuntario cuando desliza su mano por la guitarra. En islandés y en inglés, Arnald entrega nueve canciones en las que se la puede imaginar en su escenario ideal: "Cualquier sitio en el que la gente esté sentada, tomando algo. En el estudio también me gusta que haya alguien escuchando".
Tal vez no sea una persona tan introvertida como aparenta. "Quizá yo sea de ese tipo de personas que combaten la timidez a base de hablar mucho", explica. Dentro de ese mundo interior ya está empezando a cuajar el próximo disco. "Compongo cuando estoy en la calle o haciendo algo. Tengo varias cosas en la cabeza que voy probando. Por supuesto, olvido muchas de ellas; lo que queda es lo bueno".
MAURICIO VICENT - La Haban - 28/06/2010

Las estrellas de la vieja trova cubana llevan siete años sin presentarse en EE UU debido a diversas prohibiciones políticas. Desde 2003, las trabas impuestas por la Administración de George W. Bush a los intercambios culturales interrumpieron las actuaciones de la mayoría de los músicos cubanos, y también las de esta banda que bajo la batuta de Ry Cooder triunfó en Estados Unidos en 1996. Ahora, sin leyendas como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer o Rubén González, ya desaparecidos, Buena Vista regresa a uno de sus patios naturales.
Entre los que subirán a escena estos días en Nueva York, Chicago y Los Ángeles, están el guitarrista Manuel Galbán, el trompetista Manuel Guajiro Mirabal y el trombonista y director de la orquesta Jesús Aguaje Ramos, para quien el regreso supone "saldar una deuda". "Para nosotros todo esto es muy bonito, porque dejamos un público al que le interesa la música cubana, un público fiel al son, al danzón, al bolero", afirmó Aguaje en vísperas del viaje.
Él, y otros artistas, creen que poco a poco el sentido común empieza a abrirse camino. En los últimos tiempos, varios artistas y grupos cubanos han recibido permisos del Departamento de Estado de EE UU. La cantante Omara Portuondo, el dúo Buena Fe, el compositor Carlos Varela o la orquesta de salsa Van Van son algunos de ellos, además del propio Rodríguez. Se da la circunstancia de que hace un año Silvio no pudo participar en un homenaje a Pete Seeger por su 90º cumpleaños debido a que no le llegó a tiempo el visado norteamericano.
Este mismo mes, el American Ballet Theatre (ABT) rindió un gran homenaje en el Metropolitan Opera House a la directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso, al celebrarse el 70º aniversario de la compañía. Alonso actuó con el ABT entre 1941 y 1948, y fue en la compañía norteamericana donde debutó en el papel de Giselle, considerado la cumbre de sus interpretaciones.
Algunos artistas residentes en EE UU también han viajado en dirección a La Habana con autorización del Gobierno de Obama. El grupo puertorriqueño Calle 13 ofreció en abril un concierto en el malecón ante más de 200.000 cubanos. En septiembre de 2009, el músico colombiano Juanes -residente en Miami- pudo organizar un Concierto por la Paz en la plaza de la Revolución con la anuencia norteamericana. Asistieron músicos de varios países y las autoridades de EE UU facilitaron el traslado directo de todo el sistema de audio desde la Florida, además de otorgar decenas de visados para el personal técnico. Más de un millón de cubanos participaron en el maratón musical en la plaza.
"La mejoría es obvia", dice el pintor habanero Gustavo Echevarría, Cuty. En febrero estuvo en Miami invitado por la Universidad Internacional de la Florida para dar una conferencia sobre pintura cubana, y ahora EE UU acaba de concederle de nuevo permiso para que realice una exposición en Miami. "Hay un cambio evidente de actitud. Si con Bush era casi imposible obtener un visado, hoy el Gobierno de Estados Unidos es mucho más flexible, ahora a pocos artistas se lo niegan", asegura.
Observa que esta política tiene un efecto multiplicador. "Las instituciones culturales norteamericanas, tanto estatales como privadas, se han dado cuenta de esta flexibilidad y están interesándose en promover a artistas de la isla, y su participación en encuentros internacionales". Y eso, cree este artista, es "bueno para ambos países". "Ojalá que se mantenga esta línea; la cultura puede poner los primeros ladrillos del puente que más tarde o más temprano unirá a ambos países", afirma. Son muchos los que piensan que ahora hace falta un pasito más. Y de ambos lados.
ÁNGELES GARCÍA - Madrid - 25/06/2010
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Vista a partir do Edifício Copan, 2007. 3/3 fotografia sobre papel Kodak endura 148,4 X 298,5 cm- JOSÉ MANUEL BALLESTER
A lo largo de tres años, José Manuel Ballester realizó otros tantos viajes a la ciudad de São Paulo, la capital financiera de Brasil que con unos 13 millones de habitantes es la megalópolis más poblada de América. Acompañado por historiador y crítico Juan Manuel Bonet, su intención era realizar un cuaderno de viaje centrado en la ciudad. Pero salió mucho más. El recorrido por el laberinto cultural de la ciudad que empieza a cimentarse en 1927 y conoce su pleno apogeo en la década de los 60, dio como resultado un libro en el que ambos trabajan, pero sobre todo, el material fotográfico fue más que suficiente como para organizar la exposición Fervor de Metropole que se podrá contemplar hasta el 22 de agosto.

Son 27 fotografías de gran formato en las que se mezcla la huella de los grandes arquitectos (Lucio Costa, Rino Levy, Vilanova artigas y, por supuesto, Oscar Niemeyer) con la riquísima vegetación producida por el clima tropical. La combinación de ambos elementos es un cóctel de las grandiosas vistas de la ciudad envueltas de la magia que produce la naturaleza. Las imágenes abstractas se mezclan con el más exuberante realismo, "poemas visuales repletos de luz y fortaleza", en palabras del artista.
La exposición está dividida en tres apartados. Primero, el espectador se adentra en vistas panorámicas de una ciudad que parece no tener límites en el horizonte. La relación entre arquitectura y vegetación, predomina en el segundo espacio. El recorrido concluye con los edificios modernistas esparcidos por la ciudad, retratados al detalle por Ballester. "Mi objetivo se ha centrado en plasmar una sinfonía de espacios, de paisajes de hormigón tratados como gran telón de fondo", explica el artista. "He huido del mero retrato arquitectónico.
La naturaleza ha encontrado su espacio aún a pesar de estar acorralada entre esos muros de ladrillo, piedra y hormigón".