sábado, 9 de outubro de 2010

Imagine Live - John Lennon - 72

John Lennon - Real Love (Original Guitar Version)

John Lennon - Free As A Bird (Original)

John Lennon - "Jealous Guy" (Anthology Version)

The Beatles - "Hey Jude" (Anthology Version)

The Beatles - "Helter Skelter" (Anthology Version)

The Beatles - "While My Guitar Gently Weeps" (Anthology Version)

The Beatles - "I'm So Tired" (Anthology Version)

Beatles a taste of honey rare studio out take

The Beatles - Yesterday

Ella Fitzgerald - I concentrate on you

blue note - herbie hancock - cantaloop island

Sonny Rollins - St. Thomas

Thelonious Monk - Epistrophy

McCoy Tyner Trio - Monk's Dream

Arturo Sandoval "Somebody To Watch Over Me"

Arturo Sandoval Blackbird

Chick Corea Eleanor Rigby

Herbie Mann - Caminhos cruzados

Bar é fotografia - Mick Waghoner

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Mick Waghoner

Untitled

PERY RIBEIRO com Milton Banana Trio - "Escadas do Bonfim" (Luiz Carlos Sá)

HEITOR DOS PRAZERES e sua gente - "Madureira" (Kaumer Teixeira & Heitor dos Prazeres) 1957

HEITOR DOS PRAZERES e sua gente - "Nada de Rock Rock" (Heitor dos Prazeres) 1957

WALTEL BRANCO e seu conjunto - "Sob o Luar" (Waltel Branco & Ivo Branco) 1960

JOÃO DONATO e Seu Conjunto - "Minha Saudade" (João Donato & João Gilberto) 1960

JOÃO DONATO e Seu Conjunto - "Mambinho" (João Donato) 1960

MILTON BANANA TRIO - "Um Abraço No Codó" (Baden Powell) 1970

Vintage trailer in Blogbar - JULES AND JIM trailer

Comercial antigo - Lada commercial

Charge do dia

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Paixão - Gazeta do Povo - Curitiba, PR

Maria João Pires “Si todo va bien, en dos años me retiro” - El Cultural, es - link (aqui)


Benjamín G-ROSADO | Publicado el 08/10/2010

La pianista portuguesa celebra 40 años desde su presentación oficial en el Concurso Internacional Beethoven de Bruselas con un disco y varias giras por el mundo que coinciden con los bicentenarios de Chopin y Schumann. En su cita con El Cultural, Maria João Pires hace balance de su carrera, habla de su nueva vida en Brasil y desliza la posibilidad de una inminente retirada.


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La pianista portuguesa Maria João Pires. Foto: Sergio Enríquez-Nistal


En un vestíbulo zen de un hotel madrileño mata el tiempo Maria João Pires (Lisboa, 1944). La pianista portuguesa se ha adelantado a la cita y espera en un sofá con la mirada clavada en el techo. Parece la portada de uno de esos discos que nunca grabaría y que, por alguna razón, nutren el hilo musical que acompaña la entrevista; la primera que concede a un medio español en varios años. La ocasión, desde luego, lo merece. Se cumplen cuatro décadas del concurso por el bicentenario de Beethoven que la lanzó internacionalmente a finales de 1970.

Tenía entonces 26 años y desde aquel concierto en Bruselas no ha vuelto a saber lo que es el anonimato. Muy a su pesar, pues se dice alérgica al ruido mediático. Ha vivido en Lisboa, Múnich o Hanóver, pero prefiere la vida rural al bullicio de las grandes ciudades en que se desarrolla la vida del intérprete. “La gente tiene miedo al silencio, que no es ausencia, sino todo lo contrario. Es esa voz interna que nos dice sin palabras quiénes somos verdaderamente. Y eso asusta a cualquiera”. Su antigua casa de Portugal fue durante mucho tiempo ese refugio perfecto “de madera y piedra” donde conseguía desconectar del ritmo frenético de las giras y olvidaba por un segundo los términos contractuales de sus compromisos discográficos.

No muy lejos de allí, en Castelo Branco, en la frontera con Cáceres, levantó en 1999 el Centro de Belgais para el Estudio de las Artes, un hogar-escuela de enseñanza alternativa donde la experiencia musical se compaginaba con el contacto con la naturaleza y la exaltación del humanismo como parte de una cultura en constante movimiento. “La pedagogía musical es algo muy serio”, arranca la pianista. “Lo primero que nos viene a la cabeza cuando hablamos de las escuelas de música es la técnica. Y la técnica por sí sola no existe, es una ilusión pasajera. ¿Acaso la técnica de hoy es la que empleaban Mozart, Beethoven o Chopin en su época? ¿Es mi técnica igual a la de hace quince años, la misma de ayer? La respuesta es no. Los músicos cambiamos cada día. Por eso un buen pianista es la síntesis de los mil pianistas que ha sido antes más el que será mañana”. Utopía trasatlántica
El Centro de Belgais cerró sus puertas en 2006 por falta de subvenciones y sin que el gobierno luso hiciera nada por impedirlo. Fue un especie de derribo controlado por las autoridades. Y antes de que algunas instituciones, entre ellas una española, organizaran el reflote de la escuela, la pianista ya había emigrado a tierras brasileñas. “Me marcho -dijo- para librarme de la decepción que he sufrido en Portugal. Me voy a Brasil para respirar tranquila”. Dicho y hecho. Desde entonces, pasa la mitad del año en las afueras de Salvador de Bahía, adonde mandó trasladar su Steinway Concert Grand Majestic, un piano de cola que ocupa la única habitación con aire acondicionado de la casa.

Contagiada por el entusiasmo del Sistema venezolano, que ha tenido ocasión de conocer de cerca, Pires ha vuelto a creer en las utopías y, en los blancos de su agenda, lleva la música a las zonas más pobres del continente. A ocho mil kilómetros de su primer conservatorio en Lisboa, ha terminado asumiendo su condición de profeta en el destierro. Se siente cada vez más brasileña, pero por respeto a su gente y por miedo a posibles represalias no le apetece hablar de Portugal. “Lo que tenía que decir ya está dicho”.

Cuarenta años y cuarenta discos separan los bicentenarios de Beethoven (en su debut internacional) y de Chopin y Schumann este 2010. En cuestiones discográficas, da igual lo que se falle, celebre o rememore, que Pires tiene los deberes hechos. Su catálogo abarca, además de los homenajeados, a Mozart, Schubert, Bach o Brahms en registros legendarios en los que aparece sola y a menudo acompañada por el director Claudio Abbado o el violinista Augustin Dumay. Moonlight, sobre sonatas de Beethoven, la integral de los Impromptus de Schubert de Le Voyage Magnifique y su grabación de los Nocturnos de Chopin, del que se han vendido 50.000 copias, engrosan la lista de sus superventas.

Su último disco para Deutsche Grammophon es un surtido variado de valses, nocturnos y mazurcas de Chopin. “Este año todo el mundo parece querer condensar a Chopin y Schumann en una frase o una fórmula. Me gustaría poder serle de ayuda y decirle que Chopin es un poeta y Schumann, un intimista. Pero no sería honesto por mi parte. Primero, porque ellos eran mucho más que eso. Y, segundo, porque ni ellos ni su música requieren explicación alguna”. Definir c'est finir, que dicen los franceses.

Dos pianos diminutos
No hay año en que Pires no visite por lo menos una vez alguna de nuestras salas. El pasado mes de junio la acompañaron Leopold Hager y la mítica Staatskapelle de Weimar en una gira beethoveniana por Gerona, Vitoria, Oviedo y Madrid. “Siempre me he sentido muy vinculada a España. Empezando por Albéniz, un compositor muy ligado a mi infancia, y terminando por Alicia de Larrocha, cuya desaparición me ha afectado profundamente. Sin ella, el piano del siglo XXI se ha quedado cojo”. Con la pianista española Pires compartía una apariencia diminuta y frágil, precursora de esa volatilidad técnica que, según decían, les permitía tocar un centímetro por encima del teclado.

Hacía una década que la portuguesa no pisaba los Proms londinenses. Volvió este verano, para los fastos a la memoria de Chopin y como terapia de choque. Al igual que su compañera argentina Martha Argerich, Pires padece una extraña fobia que le impide actuar sola sobre un escenario. No importa que, como en el caso del Royal Albert Hall, haya seis mil personas mirando. El miedo es el mismo. “No me gusta estar sola, ni la palabra soledad, ni nada que se le parezca. Va contra natura querer hacer las cosas al margen de la gente. Desgraciadamente, mi carrera me ha obligado a pasar mucho tiempo sola, y es algo que detesto y evito, porque me hace daño”. En mitad de la multitud, Pires consiguió evocar la atmósfera íntima de los Nocturnos. Y por momentos parecía, en efecto, que en el inmenso auditorio no había nadie más que ella.

No es fácil sentarse al piano y tocar la fibra sin caer en el efectismo o abusar de la sacarina. Pires lo consigue conjugando los principios de la democracia con las leyes de la física que se encargan del sonido. “Que todo hable. Que el concierto sea un diálogo constante entre mis manos y todas las secciones de la orquesta, entre el director y el último chelo, entre el piano y las maderas que revisten la sala”. Y, por supuesto, el definitivo aliento del público. “No exagero si le digo que en la experiencia musical lo más importante es el público, esa combinación irrepetible de gestos que hacen de cada partitura un estreno”.

Si se le pregunta por el último pianista que ha escuchado, responde que Radu Lupu. No es que no le interesa la nueva generación de talentos que encabeza el virtuosismo tecnológico de Lang Lang. Pero, como si le hablara al delfín que tiene tatuado en la muñeca, setencia con un largo suspiro que los tiempos están cambiando. “Si le diera una lista de posibles herederos de nuestro piano, no le sonaría ninguno de los nombres. Puede ser que yo viva en otra galaxia o que las cosas no se estén haciendo del todo bien”.

Al otro lado del Atlántico, la crisis se expresa en otros términos. Brasil pertenece al titánico club de los BRIC, que en unos años cambiarán las reglas de juego económico. “No nos llevemos a engaño, aquí la gente se sigue muriendo en las calles”. Para Pires la crisis es como esos pasajes imposibles de Rajmáninov o Prokofiev de los que uno sale fortalecido y sabio. “Será una lección que no olvidaremos en mucho tiempo”. Lo peor, dice, es haber socavado la dignidad de las personas para rescatar un sistema de distribución de los recursos que ha demostrado no funcionar. “Los intérpretes vivimos el momento. Nuestro trabajo consiste en dejar que las cosas pasen por ti, sin poseerlas, ni quedártelas”. Adiós a la vista
En 2006, la pianista portuguesa tuvo que suspender un concierto en Salamanca después de que se le detectara una cardiopatía leve. Desde aquel susto, además de la meditación budista, practica algo de deporte y cuida todo lo que come. Acaba de cumplir 66 años y, a pesar de que sus contratos la comprometen más allá de 2011, en sus ratos libres ensaya para una posible retirada. “Mi intención es ir reduciendo las obligaciones de mi agenda”. Muchos insinuaron que su actuación en Londres estaba cargada de la emotividad de las despedidas. Enseguida se extendió el rumor. ¿Se trataba, acaso, del adiós de una de las grandes damas del piano? “No digo que me vaya a retirar, sino que me gustaría hacerlo. Llevo sesenta años tocando y hay que saber decir basta. Por otro lado, tengo una familia que mantener y algunos proyectos pendientes. No sé. Si todo sale bien, me gustaría retirarme en un par de años”.





'Mujeres al borde de un ataque de nervios' inicia su andadura en Broadway - El Mundo, es - link (aqui)

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Efe | Nueva York
Actualizado viernes 08/10/2010 23:11 horas
 

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El reparto de de la versión teatral de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'.


El musical basado en 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', del español Pedro Almodóvar, inicia sus representaciones en Broadway, donde llega con una protagonista más antipática que la de la película y con cierto sabor neoyorquino.
"La acción transcurre en Madrid, pero la verdad es que no hemos podido evitar añadirle un cierto sabor a Nueva York", explicó en una entrevista la actriz Sherie Rene Scott, quien encarna desde hoy en el esperado musical el papel de Pepa, al que dio vida Carmen Maura como una mujer desesperada con problemas sentimentales.
Scott dijo haber preparado "una Pepa más antipática que la del filme" a petición del propio Almodóvar y se mostró convencida de que la historia funcionará en su versión musical y aunque la representen actrices estadounidenses en un escenario de la Gran Manzana, porque "Nueva York y Madrid transmiten la misma buena sensación".
"Esa buena sensación va a reflejarse sobre el escenario y va a hacer que el musical tenga un aire fresco y realmente vivo cada noche", aseguró la protagonista de la obra, que abre este viernes sus representaciones al público en el Teatro Belasco de Times Square, pero cuyo estreno oficial se celebrará el 4 de noviembre.
Scott aseguró que le "preocupa" meterse en la piel de "un personaje tan icónico del cine español", pero indicó que, al igual que Maura dijo acerca de su nuevo proyecto con la versión española de la serie de televisión 'Las chicas de oro', también desea que "nadie empiece con las comparaciones".
"Como aseguró Carmen Maura sobre el desafío de interpretar un papel que hizo famoso Betty White, pido que no se me compare con ella, porque nuestro trabajo es diferente, ella es un genio y cualquier comparación me dejará en mal lugar", señaló esta actriz nominada al Tony y protagonista de varias producciones en Broadway, como 'Rent' (1997), 'Aida' (2000) o 'La Sirenita' (2008).
Scott, quien como parte de la preparación para el papel pasó cuatro días en Madrid, se mostró emocionada de poner participar en la versión musical de una película que vio "nada más salir en Estados Unidos", que la dejó "boquiabierta" y que sigue siendo uno de sus filmes "favoritos, porque era algo que nunca había visto".
"Mi mujer atacada favorita es Pepa", añadió la actriz, quien agradeció "todos los consejos" dados por Pedro Almodóvar, quien dio el visto bueno a un proyecto forjado entre el creador del libreto del musical, Jeffrey Lane, el director Bartlett Sher y el compositor David Yazbek, y que se ha hecho realidad tras cinco años de trabajo.
Para Scott, el "mayor desafío" de llevar 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' al teatro musical es que "sobre el escenario no hay primeros planos, así que hay que explicar la historia con palabras, acciones y música".
"La historia de Pepa tiene que ser totalmente auténtica, para que el resto de personajes que giran a su alrededor y ella misma sean tan extremos como quieran. Esperamos conseguirlo", dijo en la entrevista la intérprete, para quien "el color y la energía que desprenden las películas de Almodóvar" seguirán muy presentes.
Scott comparte cartel con la premiada actriz Patti Lupone, protagonista de 'Gypsy' y 'Evita', con los que ganó sendos premios Tony, y quien interpretará a Lucía, la mujer desequilibrada a la que Julieta Serrano dio vida en el cine.
Entre el reparto también están Laura Benanti, ganadora de un Tony también por 'Gypsy' y quien se pondrá en la piel de Candela, la amiga de Pepa que interpretó en su día María Barranco, así como Nikka Graff Lanzarone (Marisa), muy parecida a Rossy de Palma, Mary Beth Peil (portera) y De'Adre Aziza (la abogada Paulina Morales).
En la versión musical de la cinta que en 1988 lanzó a la fama mundial a Almodóvar también figuran Brian Stokes Mitchell y Justin Guarini, quienes interpretan a Iván y Carlos, padre e hijo a los que dieron vida en el cine Fernando Guillén y Antonio Banderas, respectivamente; mientras que Danny Burstein será el taxista que en la película encarnaba Guillermo Montesinos.

Mario, un señor de Manhattan - El País, es - link (aqui)

 

 

El triunfo de las letras en español - En la resaca del Nobel

Vargas Llosa busca el anonimato y la vuelta a la calma en Nueva York al día siguiente de la vorágine del premio - El lunes retomará las clases en Princeton

ANTONIO CAÑO - Nueva York - 09/10/2010



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Apenas doblar la esquina del Instituto Cervantes, concluidas las entrevistas, felicitaciones y fotografías, Mario Vargas Llosa era ya uno más en esta jungla sin dueño. Cuando se sentó a comer unos huevos benedict en P. J. Clarke's nadie se fijó en él, excepto una pareja de turistas españoles que le pidió un autógrafo sin saber siquiera que lo estaba firmando el flamante premio Nobel de Literatura. No es fácil volver a la normalidad después de un acontecimiento así. Probablemente, aunque él lo intente, las cosas no volverán a ser ya nunca igual.


Mario Vargas Llosa en Manhattan

Mario Vargas Llosa, maletín en ristre, ayer como un peatón más en las calles de Manhattan.- LORENA ROS

Como escritor, Mario Vargas Llosa se verá amenazado por las expectativas desbordadas; como conciencia crítica de la sociedad sentirá posiblemente el peso de una responsabilidad multiplicada por diez.
Pero promete intentarlo, y Nueva York es el lugar idóneo para hacerlo. "Esta es una gran ciudad para recuperar la modestia, aquí no se reconoce a nadie", admite el escritor. Aquí, un premio Nobel no se libra del trato displicente del indio que gobierna el deli de la esquina. Aquí no hay éxito que te salve de regresar el lunes al trabajo. Vargas Llosa tendrá que volver, por tanto, a las aulas de Princeton para completar su curso de literatura, en el fondo lo que más le apetece después de esta vorágine, sumergirse de nuevo en los libros y descubrirle a los alumnos las lecturas que marcaron su vida.
Este fin de semana previo es, en todo caso, una oportunidad para la recapitulación. Vargas Llosa lo hace un rato en voz alta para EL PAÍS. "En estas horas me he acordado mucho de mi madre, una gran lectora, que seguramente me contagió esa afición, de mi abuelo materno, Pedro, que escribía unos versitos que le hacían mucha ilusión y a quien yo siempre miraba con admiración".
"Me acuerdo de cuando empecé en esto. ¡Quién me iba a decir a mí que acabaría como he acabado! Yo jamás pensé que me ganaría la vida como escritor, jamás pensé siquiera que fueran a editarme un primer libro. Yo creía que la edición me la tendría que pagar yo y que lo leerían apenas un grupito de amigos".
Y continúa: "Y ya ves, aquí estoy, gracias entre otras cosas a que he tenido mucha suerte en la vida". Suerte para encontrar las ayudas necesarias, "sobre todo en España", recuerda. Suerte, por ejemplo, para cruzarse con Carlos Barral, "que peleó como nadie con la censura de entonces para publicar La ciudad y los perros", o con Carmen Balcells, "que creía más en mí que yo mismo". Y aquí está, en efecto, en la portada de The New York Times, convertido en "el escritor que examina los peligros del poder y la corrupción en América Latina". Enorme plataforma y enorme gloria, pero Vargas Llosa quiere relativizar ese logro. "No es lo más importante que me ha pasado en la vida". "Mi matrimonio es más importante, mi familia es más importante. Mi familia es mi vida, siento protección en mi familia. Algunos amigos. Ese aliento vital que recibes de tu entorno íntimo es lo más importante. Siento gran felicidad por este premio, pero no es mayor que la que sentí al ver editado mi primer libro por una pequeña editorial de Barcelona que llevaban un grupo de médicos aficionados a los cuentos; tenía el nombre de uno de los médicos, Roca".


Vargas Llosa, leyendo EL PAÍS

El escritor, leyendo EL PAÍS de ayer en su casa de Nueva York.- L. ROS


Vargas Llosa pone mucho énfasis en estas horas en los aspectos más privados de su vida y parece pensar que lo otro, lo más público, lo que ha provocado a veces una cierta distorsión de su imagen, es secundario, casi irrelevante. Jamás cambiaría, por ejemplo, su Nobel o su obra literaria por la presidencia de Perú. "Yo quise ser presidente porque el Perú se venía abajo. Fue sobre todo un sacrificio. Cuando perdí no me entristecí, no fue una tragedia, como sí sería una tragedia una enfermedad que me impidiese escribir".
Escribir es, por tanto, lo que quiere seguir haciendo y de la forma más discreta posible. Escribir sobre España, por ejemplo; no lo descarta. El autor se sorprende de que, aunque ha dedicado a España decenas de artículos, su segunda patria no esté presente en su trabajo de ficción, el grueso de su obra. "Seguramente es porque las experiencias de la adolescencia y la juventud son las que más marcan la personalidad, seguramente es porque en España no he tenido traumas y en el Perú sí, y los traumas son el alimento principal de un escritor".
Mario Vargas Llosa ha vivido menos tiempo en su país natal que en España, pero fue allí donde trató con su padre, donde conoció la violencia, la complejidad de una sociedad diversa y conflictiva, fue allí donde se le inoculó el veneno de la política del que nunca se ha liberado.
Siempre pensó que no le darían el Nobel por sus ideas políticas y es consciente del papel que juega en esa materia. "Cuando Zapatero me ha llamado para felicitarme me ha dicho que he conseguido la extraña proeza de que, por una vez, la izquierda y la derecha estén de acuerdo con mi premio en España". Quizá ahora, con el Nobel y los años, el personaje controvertido se transforme en un factor de cohesión. Quién sabe.
Lo que sí sabe es que va a seguir comprometido y conectado intelectualmente con su tiempo. Eso le plantea en estos momentos el reto de las nuevas tecnologías. "Yo sigo prendido del periodismo de antaño", reconoce. Y confiesa que si sus artículos de EL PAÍS apareciesen solo en edición digital, él se sentiría "frustrado". "No me gustaría, sentiría que me faltaba algo".

"¿Por qué no hay partidos de derechas normales en América Latina?" - El País, es - link (aqui)

 

 

Madrid acoge un encuentro para debatir el futuro social de la región

PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL - Madrid - 09/10/2010


Encuentro

Uno de los debates del foro Ágora, celebrado ayer en el Jardín Botánico de Madrid.- BERNARDO PÉREZ

"¿Por qué no hay partidos de derechas normales en América Latina?". Audacias como esta se han escuchado durante dos días en Madrid durante un encuentro de personajes latinoamericanos conocidos de todos los países del continente. El foro, bajo el nombre de Ágora, giró en torno a la idea central de fomentar la cohesión social en Latinoamérica y se clausuró ayer con una declaración que proclama: "Somos la región más desigual del planeta y esa es una lacra que amenaza nuestra estabilidad y desarrollo. Es necesario empezar a pensar en nosotros no solo como individuos, sino como sociedades".

El encuentro Ágora estuvo organizado por la Fundación Internacional para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP), un organismo dependiente de la cooperación exterior española, y contó con 100 intervinientes a los que se definió como "el futuro de América Latina". El director de FIIAPP, Antonio Fernández Poyato, se mostró especialmente satisfecho por la pluralidad de los personajes, muchos de ellos rivales políticos en sus países. Los debates giraron en torno a una idea central, las fórmulas para lograr sociedades cohesionadas en América Latina.
Fue Pablo Longueira, senador de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI) de Chile, quien quiso emplear su minuto de tiempo en Ágora (el formato de los debates estableció unas limitaciones leoninas) para quejarse de la falta de civilización en la derecha latinoamericana. "En muchos países los partidos de derechas están ligados a caudillismos locales", se quejó. Él mismo afirmó haber viajado cinco veces a Argentina a tratar de exportar el éxito de la derecha chilena, pero se encuentra con una política deslavazada, sin continuidad. Longueira opina que sin partidos de derechas "normales", como en Chile, no hay garantía de continuidad en las políticas públicas, y por tanto posibilidad de alternancia y estabilidad.
Estuvo presente también la mirada empresarial, que sin entrar en críticas políticas reclamó claridad para poder apostar en la economía. "Muchos no sabemos cómo es el campo de juego ni con qué reglas nos movemos", dijo Daniel Sánchez, presidente de la Confederación de Empresarios de Bolivia. En el mismo debate, la presidenta de Mapfre Colombia, Victoria Bejarano, quiso advertir contra un mercado que es "voraz e insaciable" si se deja solo. "El mercado debe estar al servicio de las personas, no estas al servicio del mercado". Bejarano reclamó a las empresas latinoamericanas "un nuevo lenguaje que hable de responsabilidad social, no solo de balances y beneficios".
Marcel Biato, asesor especial del presidente de Brasil, quiso dejar claro que las lecciones que los Estados de bienestar europeos puedan dar a Latinoamérica tienen ciertos límites. "La cohesión social es algo diferente en Latinoamérica que en Europa", advirtió. "En Europa se trata de preservar, garantizar mínimos de homogeneidad. Para Latinoamérica, que es un continente nuevo, el reto es integrar, incorporar a la gente que no alcanzó este nivel mínimo. El debate no es preservar, sino cambiar estructuras que a lo largo de siglos han impedido alcanzar aspiraciones comunes". Biato también devolvió a España una serie de recomendaciones, a modo de respuesta a cierto paternalismo detectado en el discurso que José Luis Rodríguez Zapatero lanzó durante el evento. "También Europa tiene que encontrar su voz", dijo Biato, "que a veces es contradictoria y débil", y señaló especialmente la falta de compromiso y voz común de los europeos en temas como medio ambiente o combate del narcotráfico.
Fernando Bustamante, presidente de la Comisión de Exteriores de la Asamblea Nacional de Ecuador, consiguió un curioso efecto con esta frase autocrítica: "Me preocupa cuando en el Parlamento pasamos días y meses debatiendo cosas triviales, que nos proporcionan victorias mínimas, pensando en la pantalla y en la siguiente encuesta, en vez de en la siguiente generación. Eso trivializa la política y desmoraliza al ciudadano". Lo dijo delante de los secretarios generales del PSOE y el PP en el Congreso, José Luis Ayllón y Eduardo Madina.
El torrente de voces durante dos días dejó una batería de propuestas, quejas y análisis con una cierta coherencia dentro de la pluralidad. Eugenio Marulanda, presidente de la Confederación de Cámaras de Comercio de Colombia: "El saqueo de la corrupción supone 30 trillones de dólares en el continente". Darío Euraque, profesor hondureño de historia en el Trinity College: "Hay que tener como proyecto común pasar de la democracia representativa a democracia participativa". Martín Pérez, ex ministro de Perú: "Los distintos niveles de Gobierno no han incorporado los recursos humanos suficientes para administrar la riqueza". Adolfo Garcé, analista político uruguayo: "Para que sea poderoso, el ciudadano debe poder decidir con su voto un cambio de Gobierno. ¿En cuántos países se puede dar eso? ¿En cuántos hay una oposición fuerte para que sea posible un cambio?".
La crisis económica acabó inevitablemente impregnando todos los debates, donde se escuchó insistentemente hablar de la necesidad de aprovechar el momento de crecimiento para fortalecer las democracias y reducir la desigualdad con políticas públicas redistributivas. Alicia Bárcena, presidenta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), recomendó a los asistentes buscar una perla en el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Según Bárcena, el informe "dice que la desigualdad está en el corazón de la crisis financiera". Los bajos salarios de EE UU fueron el caldo de cultivo para la expansión del crédito de baja calidad que contaminó el sistema. "¡Imagínense, el FMI diciendo que la desigualdad está en el corazón de la crisis!", remachó Bárcena. "Verdaderamente, estamos ante un cambio de época".