segunda-feira, 14 de novembro de 2011

I Nuovi Angeli - Ragazzina ragazzina (1969)



Los Marcellos Ferial - Cuando calienta el sol



Fred Bongusto canta Guarda che luna



GIANNI PETTENATI-BANDIERA GIALLA(1966).mp4



Ornella VANONI e Gino PAOLI "Senza fine"



Marisa Sannia - Casa bianca

La relación amor-odio de George Harrison con la moda - El País, es - link (aqui)

Hablamos con Joshua Greene y Bob Spitz, biógrafos de George Harrison y The Beatles, sobre la relación que el 'beatle tranquilo' tuvo con la moda en las distintas etapas de su vida.

George Harrison: Living in a material world
George Harrison.
Foto: georgeharrison.com

Se ha hablado y escrito tanto sobre George Harrison, su música, sus viajes a la India, la meditación, su adicción a la droga, su debilidad por las mujeres, su faceta como productor cinematográfico... Pero, ¿cómo fue su relación con la moda?

Según nos explica Joshua M. Greene, autor de 'Here comes the sun. The spiritual and muscial journey of George Harrison' y profesor de la Universidad Hofstra de Nueva York, el músico tuvo una relación amor-odio con ella. “Hubo un tiempo en el que sí estuvo interesado en el estilo y la moda. Era cuando empezaba con The Beatles y durante los años que duró la banda. Cuando llevaba una vida de 'rock star'. Yo diría que hasta el 66 o 67 sí hubo un cierto interés por su parte. George era una persona muy meticulosa en todo, también en el vestir... Sin embargo, ese interés se esfumó tras dejar la banda. Una vez experimentó su despertar espiritual, la moda pasó a un segundo plano. Desapareció de sus prioridades”.

En el documental 'George Harrison: Living in a material world', que se acaba de estrenar en España, Martin Scorsese da su visión de lo que fue la vida del 'Beatle tranquilo'. Aunque algunos han echado en cara al director que no indaga en los episodios más oscuros de la existencia del 'Beatle', la colección de imágenes que ofrece Scorsese sí deja patente como George va perdiendo el interés en la moda y todo lo superficial. “Cuando empezó con The Beatles tocó el cielo con las manos. El éxito, el dinero, la fama, el poder... De pronto lo tenía todo. Era un sueño. Pero se dio cuenta de que nada de eso importaba y por eso comenzó a cultivar su espíritu”, explica Greene.

Aunque hubo un tiempo en el que George sí prestó algo de atención a la apariencia, de los miembros de  The Beatles nunca fue el más interesado en cuestiones de moda. “De los cuatro, John era el que tenía más estilo. Le encantaba jugar con la ropa y crear 'looks' ridículos, mezclar cosas hasta que conseguía algo que encajaba con él. Los trajes blancos fueron su idea. También las gafas redondas tintadas. Luego estaba Paul, que también tenía un cierto sentido del estilo. Jane Asher, que durante un tiempo fue su novia, era una creadora de tendencias de la época en Londres y le solía llevar de compras por las boutiques de Carnaby Street. Pero el sentido de la moda de Paul siempre fue más conservador que el de John. Hasta que llegó la época del LSD, claro. Entonces la apariencia de todos ellos se volvió psicodélica”, relata a Smoda Bob Spitz, autor del bestseller 'The Beatles: The biography'.
 

George Harrison

Harrison en la época en la que apostaba por llevar traje.
Foto: Cordon Press

The Beatles no solo revolucionaron el mundo de la música para siempre. Intencionadamente o no, también revolucionaron los armarios de medio mundo. Los fans no perdían detalle de todo lo que se ponían y su corte de pelo fue mayoritariamente imitado por los jóvenes de la época. ¿Era este poder de crear tendencia espontáneo o había alguien detrás aconsejándoles cómo vestirse?

“The Beatles nunca tuvieron nada parecido a lo que hoy conocemos como un estilista. Ellos tenían un sentido de la moda innato que usaron para crear tendencias en todo el mundo. Sus cortes de pelo, tan  únicos, estaban inspirados en unos que habían visto en Hamburgo (Alemania) y que más tarde adaptaron a su estilo. Todo el 'look' del 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band' nació de la observación de los jóvenes hippies de Londres'”, asegura Spitz.

Sin embargo, Grenne opina que, aunque The Beatles no tuvieron un estilista formal por contrato, sí hubo una persona que influenció su manera de vestir. “Su mánager Brian Epstein ejerció, en cierta manera, el papel de estilista. Epstein era un tipo muy elegante, con mucho estilo y organizaba las mejores fiestas. Estaba bien relacionado. Ellos se dejaban aconsejar por él en cuestiones de estilo. Fue él quien les sugirió que se cambiasen las chaquetas de cuero y los vaqueros por los trajes elegantes. También les aconsejó hacer una reverencia al final de cada actuación”.

El propio Epstein contó en alguna ocasión que el proceso de cambiar el modo de vestir de The Beatles fue un poco complicado porque John Lennon, al principio, se negaba a llevar traje y corbata. “De las chaquetas de cuero pasamos a los jerseys y de ahí progresivamente a los trajes”, explicó Epstein.
Aunque después de su despertar espiritual la moda dejó de tener espacio en la vida de George Harrison, sí que hubo ciertas cosas a la hora de vestir en las que era totalmente estricto. “Bajo ningún concepto se ponía nada que fuera de cuero o viniese de un animal pues iba en contra de sus principios”, resalta Greene.


Boda George Harrison
George Harrison y Pattie Boyd el día de su boda.
Foto: Cordon Press
 
El yoga, su salvación

Practicar yoga hoy en día es lo más normal del mundo. Pero en los 60 en Inglaterra y Estados Unidos era algo innovador. George Harrison encontró en el yoga un alivio para el estrés y la ansiedad que venía acumulando desde hacía años. “Con The Beatles había veces que tocaba hasta tres shows en un día. Estamos hablando de la banda que más sesiones de grabación tiene de la historia. Por no hablar de los viajes, los programas de televisión y radio. Con 23 años ya había experimentado lo que era vivir con grandes dosis de estrés y ansiedad”, nos cuenta Joshua Greene.

George encontró en sus viajes a la India un alivio para calmar sus adicciones y el estrés. “Podemos decir que en ciertas etapas de su vida el yoga fue su salvación. También fue muy importante para él aprender a respirar y a meditar”, añade Greene.

Pero George Harrison, un tipo enigmático que siempre quería ir más allá, no se conformó con 'el descubrimiento' que cambió para siempre su vida y sintió la responsabilidad de no solo mostrárselo al resto de la banda sino también al resto del mundo. “Se propuso dar a conocer la música india y, por supuesto, también la espiritualidad. Pero la prensa no siempre fue cándida con él. Querían rock & roll. Preferían al George 'Beatle' y él no estaba dispuesto a volver a mundo material. Su compromiso espiritual le costó que su mujer Pattie Boyd le dejara. Además, sintió que los medios y la gente le daba la espalda. Fue entonces cuando entró  en una gran depresión”, añade.

En está época de bajón Harrison volvió a meterse en una espiral de alcohol y drogas desarrollando un caso severo de hepatitis. Según Greene, que durante un tiempo compartió maestro yoga con el Beatle,  George una vez más encontró en el yoga la salvación. “La práctica diaria de yoga y meditación le liberaron de los hábitos que le estaban perjudicando. Además, inspiraron algunos de sus temas más menorables de la etapa 'post Beatles'. En el yoga, como en la música, por fin consiguió liberarse del mundo material”.


Beatles rueda de prensa

George Harrison sufría estrés y ansiedad debido al intenso trabajo con The Beatles.
Foto: Cordon Press


George Harrison Yoga

George Harrison con Ravi Shankar en la India.
Foto: Rex Feauteres

Celso Arnaldo e a conversa fiada do pavio curto: ‘Toda essa macheza de Dilma não impede a roubalheira no primeiro escalão’ - Coluna do augusto Nunes - link (aqui)



13/11/2011
às 20:44 
CELSO ARNALDO ARAÚJO
Ficamos sabendo pela própria Folha, semana passada, que a presidente Dilma Rousseff ─ mais implacável, competente e inovadora que Steve Jobs, embora não domine os rudimentos de sua própria língua – tem um prazer todo especial em “espancar” projetos que não param de pé, fulminados pela saraivada de perguntas certeiras da douta gerente que sabe tudo de tudo.
Devem ser projetos com a configuração anatômica do boneco João Bobo, porque, aprovados por ela depois dessa sessão UFC/MMA, estão todos aí, se arrastando, silenciosos como fantasmas sem correntes nos pés, a exemplo das fabulosas 6 mil creches prometidas para seu mandato, nas quais as crianças entrariam subnutridas e sem rumo, saindo dois anos depois rebatizadas como Eike Batista Jr. ou Lily Safra da Silva.
Agora, na Folha deste domingo, tropeça-se de novo no velho projeto de conversa fiada que não apenas não para de pé como, invertendo os papéis, espanca furiosamente o que hoje se sabe, de verdade, sobre a presidente Dilma. As páginas A16 e A17 dessa edição merecem um lugar na história das grandes mistificações, em galeria de honra onde estão, por exemplo, Os Protocolos dos Sábios de Sião. Mas Os Protocolos da Sábia Dilma não trazem revelação alguma.
Ao contrário: apenas conspiram, de maneira mais agressiva e orquestrada, a favor de uma velha mentira – a existência de uma presidente que, por trás da casca grossa e da deselegância no trato pessoal, abriga a mais competente administradora da história do Brasil, a presidente que leu mais do que o professor Fernando Henrique, conhece mais de canteiro de obra que o peão Lula, é impaciente com o malprovado, implacável com o malfeito e intransigente com o maldito.
As grosserias atribuídas a ela, na matéria da Folha deste domingo, por conta de um “pavio curto” que seria apenas a ponta mais visível de uma colossal competência, soam apenas como falas da impagável imitação proibida para menores feita para o site Kibeloco pelo humorista mineiro Gustavo Mendes – que aliás, segundo o jornal, a imitada acha muito engraçado, talvez pela fidelidade. Levadas a sério, não passam de bravatas de uma presidente incapaz de encadear um raciocínio.
LINGUAGEM BERLUSCONIANA
Vejamos. Relata a Folha que, comandando uma reunião interministerial para discutir medidas de apoio a dependentes químicos, enfureceu-se com um funcionário da Saúde que sugeriu uma sigla para identificar a nova política do governo:
“O quê? Você está me sugerindo mais uma sigla?”, explodiu a presidenta que conhece cada escaninho do governo. “Você sabe quantas siglas tem no Ministério da Saúde?” – e, ainda segundo a Folha, se pôs a enumerar várias delas. Citou uma, em particular – uma tal CAP-AD, Centro de Atenção Psicossocial Antidrogas. E, neste momento, deu uma mostra do tipo de linguagem berlusconiana que costuma empregar no Palácio e que não repetiria nem diante do apresentador Ratinho:
─ Você sabia que os CAPs-AD fecham às 18 horas? Você chega para o drogado e fala: “Drogado, são 18 horas. Tchau, drogado, volta amanhã”.
Espere: os tais CAPs-AD, e as demais siglas que não funcionam, pertencem ao governo Dilma ou Chávez? Não é ela que manda e desmanda? Se ela já sabia desse horário de repartição pública ao dar a bronca, por que não mandou estender o atendimento? Depois dessa rotunda falta de sensibilidade presidencial ao se referir ao dependente, os CAPs passaram a atender 24 horas? Hoje, quando um dependente liga pedindo ajuda, a atendente pergunta “boa noite, drogado, em que posso ajudá-lo?”. Ou o tal funcionário que propôs nova sigla saiu da reunião chorando e tudo ficou por isso mesmo? Quer apostar?
O raciocínio pode ser estendido a todas as situações “pavio curto” relatadas na matéria. A grosseria funcionou? As coisas andaram? Nenhuma palavra. O day after da bronca não interessa à Folha nem aos que alimentam ou se deixam levar pela mistificação. E a repórter do jornal caprichou no perfil:
*”Tem gente que nem decide nem submete a ela, com medo da bronca”
*”Com Dilma a coisa é pessoal, olho no olho, em público e quase sempre aos gritos”
*”O cara sabe na hora que vai para o pelourinho”
*”O bordão meu querido é outro sinal de encrenca”
*”Tem ministro que se abala emocionalmente”
TROVEJANDO NA CHUVA
Toda essa macheza, como se sabe, não impediu, sequer dificultou, a roubalheira generalizada no primeiro escalão, debaixo de seu nariz empinado. Não fez andar o Minha Casa Minha Vida – nem a indústria fabricante de peças Lego pode materializar a promessa de três milhões de casas até o fim do governo. E, de novo, onde estão as creches? Que funcionário está levando porrada de Dilma até a primeira criança ser atendida? O teco-teco que conduz o ministro Lupi e sua turma de ongueiros de estimação vai um dia poder pousar no terceiro aeroporto de São Paulo e dali direto para o DP de Guarulhos?
Mas é preciso reconhecer algo de bom na bomba por trás desse pavio curto – Dilma é democrática na distribuição de patadas. A Folha traz dois casos envolvendo um general de carreira, Marco Antônio Amaro dos Santos, chefe da segurança presidencial, que está até agora contando as estrelas que caíram de seus ombros, depois dessas invertidas.
O general, que acompanha Dilma até na porta de toilettes, não conseguiu entrar no elevador que levaria a presidente ao térreo do Palácio do Planalto. Pegou o próximo, mas, ao chegar, viu que Dilma, irritadíssima com o “atraso” do guarda-costas, já estava dentro do carro, com o motor ligado. Ainda tentou correr ─ como os agentes do Serviço Secreto americano que acompanham a pé a limusine presidencial em carreata ─ mas perdeu o bonde. Mais tarde saberia pelo motorista o teor do comando irrevogável de Dilma no momento em que ele corria, esbaforido, atrás de sua protegida:
─ Pode tocar!!!
Freud talvez explique essa reação, invocando os tempos em que Estela era guardada por militares em outras circunstâncias. E o mesmo general Amaro, que a esta altura tem toda a nossa solidariedade civil, seria vítima do lado mais light do gênio feroz da presidente de ferro. Em Nova York, para a abertura da assembleia da ONU, Dilma tinha acabado de fazer o cabelo com seu personal coiffeur, Celso Kamura, que se deslocara do Brasil só para pentear madame, e notou que, no trajeto entre o hotel e o carro, seu hairspray deixaria de estar imaculado: garoava. Amaro daria sua vida para proteger, com o próprio corpo, a presidente de um louco no caminho. Mas não tinha um guarda-chuva para abrigá-la dos pingos, naqueles poucos metros. Dilma enfureceu-se. Desta vez, ela não gritou uma ordem unida estilo BOPE contra o fiel segurança. Apenas alvejou-o com fino sarcasmo, apontando seu capacete de fios:
─ Pô, general…
As reticências da transcrição da Folha sugerem que ela pensou coisa muito pior sobre o general, mas outra questão aqui se impõe: em vez de levar Celso Kamura para Nova York, não seria muito mais barato levar um guarda-chuva?

Vintage trailer in Blogbar - The Dancing Masters (1943) Trailer - Laurel and Hardy



Comercial antigo - Volkswagen (com Regina Duarte)



Charge do dia

Erlich


Erlich - El País, es